La nostalgia por la guerra fría estaba exhibida a todo color a lo largo de la semana en el debate general de la Asamblea General de la ONU, como en su Consejo de (In)Seguridad, donde decisiones literalmente de vida o muerte de la población mundial están en manos de un elenco de enano-estadistas de los países industrializados con armas nucleares –irónicamente o no llamados “avanzados”–, sería cómico si no fuera tan terrible y obsceno.