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La Jornada: México SA

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▲ Las divisas que envían los mexicanos que radican en otros países, principalmente en Estados Unidos, acumulan cinco meses por encima de la barrera de los 5 mil millones de dólares.Foto María Luisa Severiano

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os paisanos, una vez más: sólo en septiembre pasado, inyectaron a la economía mexicana alrededor de 5 mil millones de dólares en remesas, un monto 14.1 por ciento mayor al registrado en igual mes del año pasado. En los primeros nueve meses de 2022, el acumulado por tales envíos de divisas se aproxima a 43 mil millones de billetes verdes, y si se considera el periodo transcurrido desde que Andrés Manuel López Obrador llegó a la Presidencia de la República, entonces la suma sobrepasa 172 mil millones, equivalentes a algo así como 15 por ciento del producto interno bruto del país.

Se trata de una catarata de dinero destinada a mejorar el bienestar de sus respectivas familias, lo que de paso fortalece a la economía mexicana, la misma que a lo largo de los años los expulsó de su tierra por falta de oportunidades. Desde luego que los beneficiarios directos de esos envíos son los integrantes de su primer círculo, pero no cabe duda el efecto de abanico, porque esos dineros, de una u otra forma, salpican a toda la estructura económica del país.

La Jornada (Braulio Carbajal) detalla que las divisas que envían los mexicanos que radican en otros países, principalmente en Estados Unidos, acumulan cinco meses por encima de la barrera de los 5 mil millones de dólares. De acuerdo con los datos históricos del Banco de México, la cifra de los primeros nueve meses de 2022 es la más alta para un periodo similar desde que hay registro. En el periodo enero-septiembre de este año, 99 por ciento del total de los ingresos por remesas se realizó a través de transferencias electrónicas, al ubicarse en 42 mil 542 millones de dólares.

Eso para el caso específico de la economía mexicana, pero la influencia de nuestros paisanos, en particular, y de la comunidad latina, en general, en Estados Unidos avanza día a día, como sucede en el plano electoral en donde su peso específico es creciente y definitorio en no pocos estados del vecino del norte.

Así lo documenta un reciente análisis del Pew Research Center: se estima que 34.5 millones de hispanoamericanos son elegibles para votar este año, lo que convierte a los latinos en el grupo racial y étnico de más rápido crecimiento en el electorado estadunidense desde las últimas elecciones intermedias. La cantidad de votantes hispanos elegibles ha aumentado 4.7 millones desde 2018, lo que representa 62 por ciento del crecimiento total de votantes elegibles de Estados Unidos durante este tiempo.

El citado análisis revela que aunque el entonces presidente Donald Trump logró avances entre los hispanos en 2020, es más probable que los votantes latinos registrados digan que apoyarán al candidato demócrata en lugar del candidato republicano en su carrera distrital por la Cámara de Representantes de Estados unidos, según una encuesta del Pew Research Center de agosto de 2022. En las elecciones de mitad de período, las tasas de participación entre los hispanoamericanos generalmente han estado por debajo de las de algunos otros grupos.

La encuesta citada detalla que cerca de la mitad de los votantes latinos registrados (53 por ciento) se inclinarían por un candidato demócrata en la contienda por la Cámara de Representantes de Estados Unidos de su distrito y sólo 28 por ciento lo haría por los republicanos. Algunas de las diferencias más marcadas en la preferencia de los candidatos son por religión. La mitad de los protestantes evangélicos latinos dicen que votarían por el candidato republicano, mientras que la mayoría de los católicos latinos (59 por ciento) y los no afiliados a ninguna religión lo harían por el demócrata.

Los votantes latinos jóvenes registrados son más propensos que los latinos mayores registrados a decir que se pronunciarían por el candidato demócrata en su distrito. 63 por ciento de los votantes latinos de entre 18 y 29 años votaría por los demócratas, una proporción mayor que entre aquellos de entre 30 y 49 años y 50 a 64 años. Mientras tanto, 55 por ciento de 65 años y más lo harían por el candidato demócrata.

Las rebanadas del pastel

Parece moda, y como tal fútil: cada día aparecen más –mediáticamente, desde luego– defensores de la democracia y las instituciones electorales, cuando en los hechos resultan ser los más antidemocráticos, cómplices y beneficiarios de los fraudes, promotores de prácticas ilegales para obtener el sufragio ciudadano e impulsores –aquí, allá y acullá– de la desestabilización, el odio y los golpes blandos. Entonces, que les crea su parentela.

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