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La Fura dels Baus montó en el FIC una epopeya libertaria de asombro incesante

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▲ Los Pastitos fue el escenario en el que la agrupación catalana desplegó arte sin fronteras, en estado puro, disruptivo, libre, colectivo y gratuito.Foto Mónica Mateos

Mónica Mateos-Vega

Enviada

Periódico La Jornada
Domingo 16 de octubre de 2022, p. 2

Guanajuato, Gto., Única e irrepetible, así será recordada la noche del verdadero gran festejo por el primer medio siglo de vida del Festival Internacional Cervantino (FIC), cuando la compañía de teatro catalana La Fura dels Baus hizo lo suyo: arte sin fronteras, arte en estado puro, arte para romper esquemas, colectivo, libre, gratuito.

Denle a Pep Gatell, director artístico de la agrupación, un espacio y un tema, y hará magia.

El lugar fue la gran explanada al aire libre de Los Pastitos. ¿El pretexto? Narrar en unos cuantos minutos la epopeya libertaria de una ciudad para celebrar los 50 años del FIC.

Después, todo fue para el realizador esperar que no hubiera viento ni lluvia: Hemos clavado muchos cuchillos para que no haya diluvio, me han dicho que aquí se hace este ritual y llevamos haciéndolo varios días, compartió con la prensa por la mañana.

En punto de las 22 horas, el espectáculo se inició cuando cobraron vida los teléfonos celulares de quienes instalaron la aplicación Kalliope2, desarrollada especialmente para transformar al público en un elemento más de la experiencia.

Crearé una segunda narrativa para ti, anunció la pantalla del celular y comenzó el asombro ininterrumpido durante casi 60 minutos. Los cientos de espectadores que decidieron no usar sus aparatos para tomar fotos y video, se maravillaron al tener en sus manos el croar de ranas, luego luces parpadeantes y hasta la llamas que incendiaron la puerta de la Alhóndiga durante la gesta de Independencia.

Por un punto de Los Pastitos brotó una carabela con conquistadores a bordo que llegaron para llevarse el oro y la plata de las minas guanajuatenses. ¡Chifla, abuchea! ¡Nos están robando!, ordenaron los teléfonos más que inteligentes, cómplices del megamontaje, en cuya producción participaron casi 100 personas, entre actores, artistas y alrededor de 30 encargados en la parte técnica, logística y de seguridad.

Hubo guerra, y la paz –también prometida por Gatell en su encuentro con la prensa– dejó con la boca abierta a los presentes cuando surcó los cielos, representada por una enorme paloma blanca, montada por la soprano mexicana Carolina Herrera, interpretando la esperanzadora melodía Pie Jesu.

Experimento ciudadano

Un gran acierto de La Fura es que incluyó en el espectáculo, titulado En un lugar de Guanajuato…, a estudiantes de artes escénicas del estado, así como a jóvenes integrantes de grupos o compañías de teatro y danza independientes que fueron reclutados mediante invitación hecha por la Universidad de Guanajuato.

Lo Furos son viejos conocidos en el Cervantino, siempre con la monumentalidad de sus montajes, pero en esta ocasión se volaron la barda, dijo uno de los asistentes, que no dejaba de echar un ojo al gato y otro al garabato, es decir, de estar atento a su celular para seguir instrucciones y luego observar que uno de los mismísimos túneles de Cuévano invadió la explanada para engullir personas bajo la advertencia: Si estás dentro del túnel, ¡cuidado!, las leyendas están vivas.

Llegó el turno del grafitero español Suso33, quien primero emergió entre los espectadores para plasmar sus pintas provocadoras en las paredes y muros de alrededor. De pronto, fue abducido por una estructura luminosa que asemejaba un platillo volador, que luego se transformó en un lienzo monumental, donde el artista siguió pintando un Quijote, mientras cada persona trazó nubes multicolores con sus dedos en las pantallas de los celulares.

Un poco de rebeldía siempre enriquece lo establecido, dijo Kalliope2 poco antes de aparecer una procesión de actores enfundados en overoles blancos y cargando símbolos que se incendiaban. Con mucho respeto, el público se movía para dejar pasar la fila en llamas.

Los muchachos se fueron enlazando unos con otros, con cables y arneses, en una estructura que la grúa elevó por los aires.

Eran unos 50 capullos blancos, o quizá media centena de cromosomas formando la doble hélice, o robots en perfecta sincronía para inventar piruetas, o un racimo de humanidad e imaginación para recordar a los presentes el mensaje que mostraron los celulares: ¡Unidos podemos hacer cosas muy grandes!

El gran final estalló cuando retumbaron hasta los cerros del horizonte Las mañanitas y juegos pirotécnicos dedicados a este cincuentañero festival, revitalizado con la innovadora propuesta artística y tecnológica de los catalanes de la Fura dels Baus, proyecto que Pep Gatell describió como un experimento ciudadano.

Este sábado se llevó a cabo la segunda y última función de En un lugar de Guanajuato… experiencia que, ahora sí, quedará en el recuerdo de cada uno de esos cientos de participantes y en la memoria de los teléfonos de los pocos que se escaparon de Kalliope2 para grabar, porque esto sólo sucedió dos días, no se repetirá en ninguna otra ciudad del mundo y será una leyenda más del festejo de oro del cervantino.

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